Crónica del cursillo de verano de Huesca 2014

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Un año más, he tenido la fortuna de poder asistir al veterano cursillo de verano de kendo de Huesca, el cual cuenta con nada más y nada menos que veinticuatro años a sus espaldas, y no puedo estar más contento de haber participado en él. El encargado de dirigir el curso ha sido Emilio Gómez, cuyo talante y carisma, sin olvidarnos de su maestría en iaido y kendo, imprimen un carácter especial a este seminario. Es especialmente llamativa la calma y tranquilidad que transmite Emilio, pero sobre todo su humildad.

Todo ello sin olvidarnos de la presencia de otros maestros del kendo de todas partes de España, que sin duda contribuyen a que este sea uno de los cursos, digamos imprescindibles. Huesca no sería lo mismo sin Antonio Gutiérrez, Jesús González, Agustín Miguel… por nombrar algunos, aunque me dejo en el tintero a otros tantos.

El desarrollo del seminario ha sido muy similar a ediciones anteriores. En mi experiencia personal solo puedo compararlo respecto al año pasado, y el formato ha sido muy parecido. No puedo pronunciarme sobre la parte referente al iado, ya que no practico dicha disciplina, pero en lo que se refiere al kendo, el esquema ha sido el mismo: entrenamiento básico cuya complejidad avanza a lo largo del curso.

Uno puede llegar a pensar que el cursillo de Huesca está únicamente destinado a gente que comienza su andadura en kendo, pero creo que es un pensamiento bastante soberbio y alejado de la realidad. Nunca está de más retomar los principios y volver a lo más básico del kendo, sobre todo para aquellos que llevan mucho tiempo entrenando. Es probable que algunos kendokas puedan llegar a pensar de forma un tanto arrogante, que este cursillo no tiene mucho que ofrecer, pero creo firmemente que es un terrible error creer dicha afirmación.

Aquellos que hemos asistido este año hemos vuelto una vez más a entrenar lo más básico del kendo, y hemos podido comprobar que es absolutamente necesario recordar los pilares del kendo. Emilio demuestra su importancia con varias demostraciones, con ejemplos físicos pero también con el diálogo, ilustrándonos con sus palabras e imprimiendo en nuestras mentes elementos clave de la filosofía del kendo: Antes de golpear con las manos, hacerlo con los pies. Antes de golpear con los pies, hacerlo con la cadera y antes que la cadera, con el corazón.

No son sus palabras exactas, pero sí la esencia que pretendía enseñarnos y que capta la esencia del kendo. Toda la esencia de lo anterior se concentra en este cursillo. Pero además no podemos olvidarnos de la máxima que ha presidido el curso: “no hay atajos”, algo que refleja a la perfección que el kendo se aprende día a día con entrenamiento duro y dedicación.

Y como señalo, empezamos desde el principio, con aquellos por lo que comienza todo kendoka: los pasos. Emilio insistió mucho en la necesidad de desplazarse correctamente. Primero con suri ashi, adelante y atrás, y cómo realizar dicho cambio con rapidez y sin perder tiempo ni estabilidad. Como podéis imaginar, a partir de ahí, todo comienza a complicarse y a ser más ambicioso.

Otro de los aspectos fundamentales de esta edición ha sido la importancia de realizar cortes grandes, evocando un círculo. Para poder realizar estos ejercicios correctamente, hay que controlar muy bien el desplazamiento de los pies, pero además, tenemos que incluir en esta peculiar ecuación el movimiento de caderas y de los brazos. De estos últimos, la posición es fundamental, sobre todo a la hora de hacer un golpe grande, siendo necesario que el codo izquierdo quede alineado a la perfección con nuestro cuerpo. Con ello lograremos realizar un corte amplio, circular e imprimir velocidad a la punta del shinai.

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El zanshin y el kiai han sido otros elementos clave del curso. Muchas veces cuando entrenamos se nos olvida alguna de estas partes, lo que termina por arruinar un golpe que de haberlos incluido hubiese sido correctamente ejecutado. Siempre hemos de recordar que nuestro ataque termina cuando nos damos la vuelta en guardia, momento en el cual el kiai termina y siempre listos para volver a atacar si fuese necesario.

Aunque quizá lo más importante de todo haya sido recordarnos el papel activo que tiene que desempeñar el motodachi en el kendo. Es muy fácil perder la concentración cuando no somos nosotros los que realizamos el ejercicio en cuestión, y es precisamente un punto flaco que hay que corregir. El motodachi tiene que tener un papel activo dentro del entrenamiento, y no limitarse a ser un “dummy” que recibe golpes. Tiene que estar en tensión y adaptarse a las necesidades de su compañero para que el ejercicio se realice correctamente.

Si solo tuviese que quedarme con una cosa del seminario, probablemente sea esta última. No hay nada que rompa más la dinámica de un entrenamiento que un mal motodachi y por desgracia, ocurre con relativa frecuencia. No creo que se produzca de forma deliberada en ningún caso, pero sí que es necesario recordar a todos nuestros compañeros que tenemos que estar atentos para facilitarnos el trabajo de forma mutua. El kendo, al final, es una cosa de dos, por lo que es necesario que exista una concentración total de las partes, y cuando actuamos de motodachi se nos suele olvidar. Gracias a Emilio, espero que todos podamos transmitir esto a nuestros compañeros y que sirva para mejorar de forma efectiva nuestro kendo.

Estas han sido, quizá las bases sobre las que más se ha insistido este año en el seminario. Todo lo anterior ha sido plasmado en el kihon y a partir de ahí, desarrollado y ampliado poco a poco, permitiendo interiorizar las lecciones previas y aplicarlas en las subsiguientes.

Otro de los aspectos que más me gusta de este seminario es la posibilidad de practicar katas. Sé que en muchos dojos no se practican con mucha asiduidad, así que es una oportunidad única para poder realizarlas y aprender pequeños detalles de las mismas. Ciertamente no son muy populares, pero son otro pilar básico del kendo y en Huesca se les dedica un tiempo bastante sustancial. Este año una vez más las hemos practicado por la tarde, algo bastante sensato dado el calor que ha hecho este año en las fechas del curso, y también porque en el dojo no corre una pizca de aire.

Por último, otro de los componentes principales de este seminario es el social. La participación es abrumadora y hay muchísimos kendokas de todas partes de España con los que entrenar y compartir experiencias dentro y fuera del dojo. El ambiente ha estado genial y es una oportunidad única de entrenar con gente nueva, ver otros estilos y formas de luchar, en definitiva: mejorar y progresar como kendokas. Todo ello, sin olvidarnos de la tradicional fiesta de disfraces, la cual este año no ha tenido el éxito de la pasada edición, pero sí que ha sido igualmente divertida.

Espero que todos los participantes de este año hayan disfrutado y aprendido tanto como yo. He de agradecer a la organización sus desvelos para conseguir mantener con vida este curso y permitirnos disfrutar de él. Estoy deseando volver el año que viene, y seguro que mis compañeros también, y ver que nos tienen preparado para el 25ª aniversario de este seminario.

Fotografía | Fernando Prieto

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